Y así la noche
ha cabalgado a duras penas,
elogiando a escondidas
las contiendas de los cuerpos,
igual que las luces y las sombras
huyendo del soplo del viento,
esa muerte segura
de la que sólo quisimos
la hora del desvelo,
la cordura nocturna de los cuerpos
y el robo impune de la luna
bajo un cielo largamente imaginado.