Antes de saber del rojo de tu rostro,
de la piel tapizada entre mazmorras
de la suave terquedad del viento
invadiendo impasible tus laderas.
Antes de mis versos lauros,
mucho antes del amor de los poetas
de los colores ocres de los pinceles
de los lienzos, de las musas, de las penas,
yo te vi mucho antes ínclita en mi sueño.
Antes de los besos sin pretextos
de la lluvia acicalada en la mejilla,
del silencio opaco de los bosques
y la música implacable del agua,
mucho antes del sonido de la fuente,
cuando el brillo marcaba mi garganta.
Pero no antes del polvo errante del viajero
que agrandaba con sus pasos la leyenda,
yo te vi mucho antes ilustre entre mis
sueños,
hilvanando con tu imagen los trayectos
macerando con el barro bermejo
la diáspora larga de los pasos;
el sentido transparente de tu huella.


