Hay una paz
que viaja en el mismo lugar
donde la ira se resiente burdamente,
y rebusca entre las muertes
el naufragio perfecto de la palabra,
ya no alzan el vuelo las palomas,
allí, sobre los campos infinitos,
y un niño juega en silencio
ajeno al paisaje que lo amamanta.
Hay una paz
que viaja en el mismo lugar
donde la ira se resiente burdamente,
y no hay sentencia que la juzgue
en ese vasto lugar
donde un paisaje se llama hombre,
Hay una paz innata, sutil,
bañada con el rojo perfecto
de una amapola al alba,
y no hay belleza que la detecte
bajo el latido insistente,
ni verbo que la distinga
bajo el minúsculo hijo de la soberbia
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