Yo vi al silencio cara a cara,
cuando la calle empapada
nos hacía cómplices de una huida
pactada, desde la ingenua calle
que resguardaba infalible
todos nuestros secretos,
pude verlo, vulnerar las horas y
sentirme sitiado por la elocuencia
del árido papel
que rasgaba mi garganta
hasta la más absoluta complacencia.