Pude ver el camino en una sombra,
en un halo de tiempo acompasado
amamantar al sueño, apaciguarlo
con el beso acólito del desamparo,
trepar a mis alturas poco a poco
volar empoderado capa a capa,
y mi casa, casi llena como el mar
cuando la luna canta entre las luces.
Pude ver el camino en una sombra,
rescatando del silencio lo que fuimos,
cuánta paz en mi destino
cuánto verbo reforzado
cuanto asfalto doblegado
para vivir erguido sobre los mapas.
Yo pude verlo,
y mi cuerpo enjuto
creciendo mientras tanto
y mi raíz atenta en la alborada,
al final del camino,
yo pude ver el equilibrio en una sombra.

Es maravilloso el poema, Jorge, pero no he podido evitar imaginarte a lomos de un caballo de dos ruedas haciendo todo el recorrido que muestras en el poema.
ResponderEliminarBesicos muchos.
Para mí, viajar en moto es otra forma de escribir, de plasmar desde la soledad del asfalto ideas que más tarde se convierten en poemas. Muchas gracias por pasar por el blog. Un abrazo.
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