No cambies el mundo
como quien bebe
el jugo fácil de una tendencia,
sacude el sesgo en tu mirada,
un día, una semana,
sacúdelo y retírate, miéntete mientras
el aliento que surge del diálogo
te increpa en silencio
sobre la huella de tu propio miedo.
Para cambiar el mundo
no es precisa una mentira colectiva,
desnudar con ira a la palabra
ni comprender la luz de los caminos
que acaban en la discordia.
No cambies el mundo
con el ritmo de las cloacas,
observa el silencio de los pájaros,
un día, una semana,
obsérvalo y reinventa tu destino,
vuela tras ellos, solo así
aprenderás a otear
el mal desde las alturas.
Para cambiar el mundo
no valen las excusas harapientas,
el bálsamo en la piel crucificada
la pena ni los llantos de salón.
No cambies el mundo,
un mundo así no te necesita,
sortea la duda que te atrapa,
un día, una semana,
sorteala y comprende que la noche es un calvario
cuando el viento enmudece voluntades.
No cambies el mundo por cambiarlo,
la tierra rebosa nombres sin sueños
que arruinan los caminos.

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